Gustar de lo nuevo no es despreciar lo viejo», escribió en su día la poeta gallega Rosalía de Castro. En Mallorca, esta idea bien la podríamos servir caliente en una cazuela de barro...
Cada año, durante la Festa des Vermar en Binissalem, vecinos de todas las edades se sientan en la misma mesa para compartir una cazuela de fideus des vermar, una receta nacida entre viñedos. Hoy, la fiesta ha cambiado, se ha abierto al mundo y acoge a nuevas generaciones con música y costumbres actuales, pero el plato sigue formando parte de la memoria colectiva. Una fiesta en la que se celebra la tradición.
Y con la tradición en el alma, un buen vino en una mano y una deliciosa cazuela de barro llena de fideus de vermar en la otra, más de una veintena de suscriptores se dieron cita en Binissalem el pasado martes para celebrar la popular Festa des Vermar. La cita, como no podía ser de otra manera, fue en las Bodegas José Luis Ferrer. La primera actividad fue visitar las bodegas, enmarcadas bajo un manto de nubes que parecía proteger las viñas y donde los suscriptores disfrutaron de las vistas. Una vez dentro, Sandra sería la guía encargada de describir cada detalle vinculado a los diferentes vinos que se probaron esa mañana: habló del proceso de maduración del vino, de las características de cada uva que utilizan en la bodega, de aromas de texturas y sabores... No dejó ninguna duda sin resolver. Al finalizar el recorrido se degustaron algunos embutidos y quesos de la tierra.
Al mediodía, el grupo se reunió a lo largo de dos grandes mesas dispuestas para compartir las cazuelas de barro con los fideus de vermar. Había algo mágico y simbólico en aquel encuentro, recordaba al verdadero origen de este plato que buscaba devolver las energías a los veremadors y veremadores que en los meses de septiembre recolectan las vides mediante el trabajo duro del campo. María fue la cocinera del menú que se acompañó con cuatro vinos (espumoso, blanco, tinto y rosado), y se cerró con un granizado de almendra como postre.





